
Niña desaparecida es encontrada dentro de un…Ver más

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO, RAZA! PORQUE LO QUE LES VAMOS A CONTAR AHORITA MISMO NO ES CHISME DE LAVADERO, ES LA PURA Y CRUDA VERDAD QUE NOS HA DEJADO A TODOS CON EL JESÚS EN LA BOCA Y LA PIEL DE GALLINA.
TÍTULO EXPLOSIVO: ¡EL INFIERNO ESTABA EN LA AZOTEA! DESTAPAN LA TERRIBLE VERDAD DETRÁS DEL “VER MÁS” QUE NOS PARALIZÓ EL CORAZÓN. LA PEQUEÑA LUPITA APARECIÓ EN EL LUGAR MÁS CLAUSTROFÓBICO Y ATERRADOR QUE NADIE PUDO IMAGINAR. ¡ENTÉRATE DE LOS DETALLES QUE LA TELEVISIÓN NO SE ATREVE A CONTAR!
SUBTÍTULO DE IMPACTO: Fueron 72 horas de angustia pura. Un barrio entero volcado en las calles. Una madre desgarrándose la garganta gritando su nombre. Y la respuesta a la pregunta que inundó las redes sociales… “¿Dónde está?”… estaba más cerca de lo que pensábamos, en una trampa mortal de plástico negro bajo el sol abrasador.
POR: EL TUNDEMÁQUINAS RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA DESDE EL CORAZÓN DEL BARRIO
CIUDAD DE MÉXICO (Y EL MIEDO QUE NO NOS SUELTA).– ¡Ay, nanita! Mis valedores, si ustedes son de los que ayer sintieron un vuelco en el estómago al ver esa notificación maldita en el celular, esa que decía: “Niña desaparecida es encontrada dentro de un…Ver más”, déjenme decirles que no fueron los únicos. Millones de mexicanos le dimos clic a ese enlace con el alma en un hilo, temiendo lo peor, rezando porque fuera una falsa alarma o un clickbait de mal gusto.
Pero no, mi gente. Esta vez, la realidad superó a la ficción más macabra. El “Ver más” escondía una verdad que nos ha dejado fríos, una verdad que huele a negligencia, a maldad pura y que nos demuestra que el peligro, a veces, vive arriba de nuestras propias cabezas.
CRÓNICA DE UNA PESADILLA EN IZTAPALAPA
Todo comenzó el martes pasado en la colonia “El Sol”, una de esas colonias bravas pero solidarias, donde la gente vive al día y los niños todavía juegan en la banqueta. Lupita, una chinita de apenas 8 años, con una sonrisa que iluminaba la cuadra y sus trencitas siempre bien peinadas por su abuela, salió a las 6:00 de la tarde. El mandado era sencillo: medio kilo de tortillas y una coca para la cena. La tortillería estaba a dos cuadras. ¡Dos pinches cuadras, carajo!
Pasaron quince minutos. Veinte. Media hora. Doña Rosa, la madre de Lupita, sintió ese piquete en el pecho que solo las madres conocen cuando algo anda mal. Salió a buscarla. En la tortillería le dijeron que la niña sí había ido, que había comprado las tortillas y se había regresado. Pero Lupita nunca llegó a casa.
Ahí empezó el calvario. Se activó la Alerta Amber. Las redes sociales explotaron con la foto de Lupita y su uniforme escolar. Los vecinos, esa raza noble que nunca te deja abajo, armaron brigadas con linternas. Se metieron a terrenos baldíos, revisaron barrancas, gritaron su nombre hasta quedarse roncos. “¡Lupitaaa! ¡Mija, dónde estás!”. Nada. Silencio. La tierra parecía habérsela tragado.
EL “VER MÁS” QUE NOS QUITÓ EL SUEÑO
Fueron tres días de terror. Tres días donde cada notificación en el celular era un microinfarto. Y entonces, ayer por la tarde, empezó a circular la noticia a medias, el titular cortado que nos trajo hasta aquí. ¿Dónde la encontraron? ¿En un pozo? ¿En una cajuela? La mente humana siempre se va a lo peor.
Pero agárrense, porque lo que les voy a contar está cañón.
La respuesta no vino de la policía, ni de los perros rastreadores. Vino de Don Beto, el vecino del último piso del edificio “C”, un señorón jubilado y medio gruñón que vive justo arriba del departamento de Lupita.
Resulta que Don Beto llevaba dos días quejándose de que el agua de la regadera le salía con poca presión y, peor aún, con un olorcito medio raro, como “abombado”, diría él después a los peritos. Cansado de no poder bañarse a gusto, y pensando que se había tapado la tubería o que alguna paloma muerta había caído en el depósito, decidió subir a la azotea a revisar.
Eran las 2:00 de la tarde. El sol caía a plomo sobre las azoteas llenas de tendederos y antenas parabólicas. Don Beto se acercó a los tinacos. Ya saben, esos gigantescos tinacos de plástico negro, marca Rotoplas o similar, que coronan casi todas las casas de nuestro México mágico para cuando el gobierno nos corta el agua.
EL HALLAZGO DEL TERROR: ¡ESTABA ALLÍ ARRIBA!
Don Beto notó algo raro en el tinaco principal, el de 1,100 litros que abastece a los pisos de arriba. La tapa, esa tapa rosca pesadísima que cuesta un huevo y la mitad del otro abrir, estaba mal cerrada. Apenas sobrepuesta.
El señor, con el corazón empezándole a latir rápido sin saber por qué, se subió a un banquito de madera. Hizo fuerza. Giró la tapa. El olor que salió de ahí, mis amigos, fue el primer golpe de realidad. Un vaho caliente y fétido.
Don Beto se asomó. Y lo que vio lo hizo pegar un grito que, juro por mi madrecita santa, se escuchó hasta el Cerro de la Estrella.
Ahí estaba.
Lupita fue encontrada DENTRO DEL TINACO DE AGUA.
¡No manchen! ¡Imagínense el horror! La pequeña estaba hecha bolita, flotando en posición fetal en el agua que quedaba, que afortunadamente no estaba lleno hasta el tope. Estaba inconsciente, deshidratada, con la piel chinita por el frío de la noche y quemada por el calor del día, con su uniforme escolar todavía puesto, empapado.
La tapa estaba cerrada por fuera. ¡Cerrada, me oyen! Esto no fue un accidente. Una niña de 8 años no sube sola a la azotea, no tiene la fuerza para levantar esa tapa y mucho menos para cerrarla una vez que se cae adentro. ¡Alguien la puso ahí!
EL RESCATE DRAMÁTICO: ENTRE LÁGRIMAS Y SIRENAS
El grito de Don Beto alertó a todo el edificio. En cuestión de segundos, se armó la gorda. Subieron vecinos, llegó la madre de Lupita, quien al ver la escena se desmayó ahí mismo en el techo de chapopote.
Llamaron al 911. Las sirenas de los bomberos, la Cruz Roja y la policía llenaron la colonia. El rescate fue cardiaco. Los bomberos tuvieron que usar arneses para meterse al tinaco –que es un espacio súper reducido– y sacar a la pequeña con muchísimo cuidado, como si fuera una muñeca de porcelana rota.
Cuando la sacaron, envuelta en una manta térmica plateada, hubo un silencio sepulcral en la calle. Cientos de vecinos que se habían juntado abajo contenían la respiración. Y entonces, un paramédico levantó el pulgar. ¡ESTABA VIVA! ¡Milagro en Iztapalapa, cabrones! ¡La Lupita estaba viva!
Un aplauso ensordecedor, mezclado con llantos de alivio, rompió la tensión. Pero el alivio duró poco. Inmediatamente después, vino la rabia.
LA PREGUNTA QUE ARDE: ¿QUIÉN FUE EL MONSTRUO?
La niña fue trasladada de urgencia al Hospital Pediátrico en estado grave: deshidratación severa, hipotermia y un shock traumático brutal. Los médicos dicen que si hubiera pasado una noche más ahí adentro, no la cuenta.
Pero ahora, mientras Lupita lucha por su vida en una cama de hospital, el barrio está que arde. La Fiscalía ya acordonó todo el edificio. Están buscando huellas dactilares en el tinaco, revisando cámaras de seguridad de los negocios cercanos.
La neta del planeta, raza, es que esto huele muy mal. Para subir a la azotea se necesita llave del cancel principal. O sea, que el monstruo que hizo esto, muy probablemente, es alguien del mismo edificio o alguien conocido que tenía acceso. ¡El enemigo podría estar durmiendo pared con pared!
Los vecinos están furiosos. Anoche casi linchan a un tipo medio sospechoso que andaba merodeando. La gente quiere justicia, y la quiere rápido. “¡Si la policía no lo agarra, nosotros lo vamos a agarrar y no va a quedar nada de él!”, gritaba una tía de Lupita con los ojos inyectados de furia.
REFLEXIÓN FINAL: ¡CUIDEN A SUS CRÍAS!
Esta historia, que empezó con un clickbait en el celular y terminó con un tinaco convertido en celda de tortura, nos tiene que servir de lección. El mal existe, anda suelto y a veces tiene cara de vecino amable.
¿Qué clase de bestia mete a una niña en un tinaco y cierra la tapa? ¿Qué clase de enfermo la deja ahí para que se muera de miedo, de hambre o ahogada en el agua que beben sus propios vecinos?
Hoy celebramos que Lupita vive, pero la indignación no se nos baja. Exigimos que las autoridades den con el responsable y que pague con todo el peso de la ley. Y a ustedes, mi raza, les digo: ¡No le quiten los ojos de encima a sus chamacos! Ni para ir a la esquina. Cierren bien sus puertas y, ahora más que nunca, revisen bien sus azoteas.
Seguiremos informando, porque este mitote apenas empieza y no vamos a soltar el tema hasta que sepamos quién fue el hijo de la tiznada que le hizo esto a un ángel. ¡He dicho!