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TÍTULO: ¡ALERTA AMBER… PERO DE TERNURA! UN “LOMITO” GIGANTE DE 80 KILOS TOMA COMO “REHÉN” A SU DUEÑA DURANTE LA SIESTA DEL SIGLO Y ROMPE EL INTERNET

SUBTÍTULO: Lo que comenzó como un inocente descanso post-navideño tras el “mal del puerco”, se convirtió en una escena de crimen viral donde el único delito fue un exceso brutal de amor canino. La víctima, identificada como Claudia “N”, permaneció inmovilizada bajo el peso de “Titán”, un mastín que se cree chihuahua.

POR: LA REDACCIÓN / CRÓNICA METROPOLITANA

CIUDAD DE MÉXICO. – En medio del ajetreo del maratón Guadalupe-Reyes, entre el recalentado de pavo, los romeritos y las tías preguntando para cuándo el novio, una imagen ha surgido de las profundidades del Estado de México para sacudir las redes sociales y recordarnos quiénes son los verdaderos jefes del hogar. Olvídense de las noticias políticas o los escándalos de farándula; la nota del día la protagonizan una mujer exhausta, un suéter navideño bastante llamativo y, sobre todo, una bestia peluda de dimensiones jurásicas que decidió que el mejor colchón del mundo eran las piernas de su “mamá humana”.

Los hechos ocurrieron la tarde del pasado martes, en un domicilio particular que, por seguridad de la familia (y para evitar que los paparazzi asedien al perro), mantendremos en el anonimato, aunque fuentes cercanas indican que fue en una colonia tranquila de Naucalpan. La protagonista involuntaria de esta historia es Claudia, una contadora de 35 años que, tras sobrevivir a la preparación de la cena de Nochebuena para 20 personas y lidiar con la resaca emocional de la Navidad, decidió que merecía un descanso.

Según testigos presenciales (su hermano Beto, quien tuvo la osadía de documentar el momento y subirlo al grupo de WhatsApp familiar), Claudia pronunció las famosas últimas palabras: “Solo voy a descansar los ojos cinco minutos aquí en la silla”. Acto seguido, el espíritu de la Navidad y el cansancio acumulado la noquearon. Cayó en los brazos de Morfeo profundamente, “bien jetona”, como se dice coloquialmente en la capital, luciendo un festivo suéter verde con estampados de renos y galletas de jengibre, ajena al peligro inminente que la acechaba.

Fue entonces cuando entró en escena el verdadero protagonista de esta crónica: “Titán”. Un imponente ejemplar de mastín atigrado (una mezcla de genes que resultó en un perro del tamaño de un becerro pequeño), conocido en el barrio por su ladrido que hace temblar las ventanas y por su corazón de pollo. Titán, con sus aproximadamente 80 kilogramos de peso y una musculatura digna de fisicoculturista, tiene un pequeño problema de percepción: él genuinamente cree que sigue siendo el cachorrito de tres meses que cabía en una caja de zapatos.

Al ver a su ama en estado de vulnerabilidad y total relajación, Titán interpretó la escena no como una siesta ajena, sino como una invitación abierta y descarada a una sesión intensiva de arrumacos. Con la delicadeza de un elefante en una cristalería, el gigantesco canino procedió a treparse al sillón.

La imagen que ilustra esta nota, y que ya ha sido compartida miles de veces en plataformas como Facebook, Twitter (ahora X) y TikTok, captura el momento exacto de la “tragedia”. Se puede apreciar a Claudia completamente “noqueada”, con la cabeza echada hacia atrás en un sueño profundo, probablemente soñando que estaba siendo abrazada por una nube esponjosa. La realidad, sin embargo, era mucho más pesada.

Titán aparece sentado triunfalmente sobre el regazo de su dueña. Sus enormes patas delanteras, del tamaño de unos guantes de boxeo, están plantadas firmemente sobre los muslos de Claudia, asegurando que no haya posibilidad alguna de escape. La expresión del perro es oro puro: una mezcla de satisfacción absoluta, la lengua de fuera jadeando de felicidad y unos ojos que parecen decir a la cámara: “¿Qué? Estoy cómodo. Y ella me ama”. Es la cara de un animal que sabe que es el rey de la casa y que su trono es donde él decida que sea.

“No manches, cuando entré a la terraza y los vi, pensé que Titán la estaba asfixiando, pero no, el güey solo quería amor”, relató Beto, el hermano de la víctima y autor de la foto viral, en entrevista exclusiva para este medio. “Mi hermana ni se movía. Yo creo que el peso del perro le cortó la circulación de las piernas y por eso no se despertaba. Estuvimos como media hora viéndolos, sin saber si despertarla o llamar a protección civil para que trajeran una grúa y quitaran al perro”.

La fotografía se viralizó en cuestión de horas. Los comentarios en redes sociales no se hicieron esperar, reflejando el humor ácido y la identificación inmediata del pueblo mexicano con esta situación. “Ese no es un perro, es un caballo con complejo de gato”, comentó un usuario. “Me representa totalmente: yo soy la chava y la vida es el perro aplastándome”, escribió otra. Miles de dueños de perros de raza grande compartieron fotos similares, creando un hilo masivo de “lomitos gigantes que no miden su fuerza”.

Expertos en comportamiento animal (veterinarios que entrevistamos rápidamente por teléfono mientras se reían de la foto) explican que este fenómeno es común. “Los perros de razas gigantes a menudo mantienen comportamientos de cachorro si son muy consentidos. Buscan el contacto físico para sentirse seguros y demostrar afecto, sin importarles que ahora pesen lo mismo que un refrigerador pequeño”, señaló la Dra. Ana María Huesos. “Para Titán, sentarse sobre Claudia no es un acto de agresión, es la máxima demostración de ‘eres mi lugar seguro'”.

El desenlace de esta toma de rehenes fue pacífico, aunque requirió negociaciones. Después de casi 45 minutos de secuestro, donde se temía por la integridad de las rodillas de Claudia, la familia tuvo que intervenir. No hubo necesidad de un equipo SWAT; bastó con que la mamá de Claudia agitara una bolsa de salchichas de pavo desde la cocina. El sonido del plástico fue más fuerte que el amor. Titán levantó las orejas, se bajó de su trono humano con un salto que hizo temblar el piso, y corrió hacia la comida.

Claudia despertó confundida, con las piernas dormidas y preguntando por qué le dolían tanto los muslos, como si hubiera corrido un maratón. Al ver la foto que la había convertido en la nueva celebridad de internet, solo pudo reírse y abrazar a su monstruo peludo.

Esta historia, aunque hilarante, nos deja una lección importante en estas fechas decembrinas: no importa qué tan grande sea el problema (o el perro), siempre hay espacio para el amor… aunque a veces ese amor pese 80 kilos y te deje sin poder caminar por un par de horas. ¡Aguas con el “mal del puerco” si tienen mascotas gigantes en casa!

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