🛑 CRITICAN A MADRE DE FAMILIA POR COMO VISTE Y ELLA LES RESPONDE…Ver mas

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TÍTULO: SE ARMÓ EL MITOTE EN LA ENTRADA DE LA ESCUELA: MADRE EN TOP DEPORTIVO DESATA UNA TORMENTA DE CRÍTICAS Y UN CALUROSO DEBATE EN REDES SOCIALES SOBRE EL “CÓDIGO DE VESTIMENTA” MATERNO

SUBTÍTULO: Un video viral, grabado a escondidas por otra persona en la puerta de un colegio, muestra a una mujer dejando a su hijo mientras viste ropa de gimnasio. Las imágenes han incendiado el internet, dividiendo opiniones entre quienes la acusan de “falta de respeto” y quienes defienden su libertad de vestir como le plazca, poniendo sobre la mesa el eterno juicio social hacia las madres en México.

CIUDAD DE MÉXICO (Crónica Digital/Redacción). – ¡Vaya zafarrancho el que se ha armado en las benditas redes sociales! Una vez más, el tribunal de la opinión pública digital ha encontrado un nuevo objetivo para descargar su furia y sus prejuicios. Todo comenzó con un video de apenas unos segundos, grabado con un celular “in fraganti”, que ha corrido como pólvora en plataformas como TikTok, Facebook y X (antes Twitter), convirtiendo una escena cotidiana en un campo de batalla moral. El escenario: la puerta de una escuela primaria. La protagonista involuntaria: una madre de familia. El “delito”: llevar a su hijo al colegio vestida con ropa deportiva.

Las imágenes, que parecen haber sido captadas por otro padre o madre de familia desde la “seguridad” del anonimato, muestran una secuencia en tres tiempos que ha bastado para encender la mecha de la polémica. En el video se aprecia a una mujer de espaldas, con el cabello corto, vistiendo un conjunto deportivo compuesto por un top negro con un diseño de tirantes cruzados en la espalda y unos leggings ajustados de color gris claro. La mujer se agacha cariñosamente para despedirse de su pequeño hijo, quien lleva una mochila de Cars y el uniforme escolar, antes de que este cruce el portón de entrada de la institución educativa, cuyo muro está pintado de un llamativo color lila.

Lo que para algunos es una escena matutina absolutamente normal en la vida de una madre moderna que quizás va al gimnasio después de dejar a la “bendi”, para otros se ha convertido en un agravio imperdonable contra las “buenas costumbres”. El video fue subido originalmente con comentarios mordaces que cuestionaban la idoneidad del atuendo de la mujer para presentarse en un entorno escolar. Frases como “¡Qué falta de respeto!”, “¿Es que no tiene vergüenza?”, “A la escuela se va decente”, y “¿Qué ejemplo le está dando a su hijo y a los demás niños?” inundaron la sección de comentarios, desatando una verdadera cacería de brujas digital.

 

El ala más conservadora de los internautas no se guardó nada. Se le acusó de “querer llamar la atención”, de “sexualizar” un espacio dedicado a la educación y de no entender los “códigos no escritos” de conducta que, según ellos, deben regir el comportamiento y la apariencia de una madre. Hubo quienes incluso sugirieron que la dirección de la escuela debería intervenir y prohibir la entrada a padres de familia que no cumplan con ciertos estándares de vestimenta, comparando la situación con ir a trabajar o a la iglesia. “Hay lugares para todo, y la escuela no es un gimnasio ni una pasarela”, sentenció una usuaria visiblemente indignada. La crítica se centró en lo ajustado de la ropa y en el hecho de mostrar la espalda y los brazos, algo que, para este sector, resulta “inapropiado” y “vulgar” en el contexto escolar.

Sin embargo, como en toda buena polémica mexicana, el mitote tiene dos bandos. A la par de la lluvia de críticas, surgió una ola de apoyo y defensa hacia la madre en cuestión. Un ejército de usuarias, y también muchos usuarios, salieron al quite para poner los puntos sobre las íes, argumentando que la ropa de una mujer no define su calidad como madre ni su respeto por la institución. “¡Ya siéntense, señoras!”, fue el grito de guerra de quienes ven en este linchamiento digital una muestra más del machismo y el juicio constante al que son sometidas las mujeres en nuestra sociedad.

Los defensores argumentaron que la ropa deportiva es cómoda, práctica y, sobre todo, una elección personal que no debería estar sujeta al escrutinio público. “¿Desde cuándo traer leggings te hace mala madre?”, cuestionaron. Muchos señalaron la hipocresía de criticar a una mujer por su vestimenta mientras se ignoran problemas reales en la educación o en la sociedad. Además, se puso el dedo en la llaga sobre un tema crucial: la privacidad y el respeto. “¿Quién le dio derecho a esa persona de grabarla sin su consentimiento y exponerla de esa manera?”, preguntaron muchos, señalando que la verdadera falta de respeto y de educación provino de quien sacó el celular para balconear a una mujer que simplemente estaba cumpliendo con su rutina diaria.

El debate ha escalado a tal punto que se han involucrado psicólogos, sociólogos y hasta influencers de maternidad, quienes han analizado el fenómeno desde diversas aristas. Algunos expertos señalan que este tipo de reacciones viscerales responden a estereotipos de género profundamente arraigados en la cultura mexicana, donde se espera que la madre sea una figura abnegada, discreta y casi asexual, cuyo único propósito es el cuidado de los hijos, dejando de lado su propia identidad y libertad de expresión. Cualquier desviación de este rol tradicional es vista como una amenaza al orden social establecido.

Otros apuntan al fenómeno del “mom-shaming” (avergonzar a las madres), una práctica cada vez más común en la era digital, donde cualquier decisión de crianza o aspecto de la vida de una madre es sometido a un juicio implacable por parte de una comunidad virtual que se siente con el derecho de opinar y condenar. La presión por ser la “madre perfecta” es inmensa, y situaciones como esta solo contribuyen a aumentar la carga mental y emocional que ya de por sí conllevan la maternidad y el trabajo de cuidados en nuestro país.

El incidente también ha abierto la discusión sobre los límites de la vigilancia ciudadana en la era de los smartphones. ¿Hasta qué punto es válido grabar y difundir imágenes de personas en espacios públicos sin su permiso, especialmente cuando el objetivo es avergonzarlas o exponerlas al escarnio? La línea entre la denuncia ciudadana legítima y el morbo o el acoso digital es cada vez más difusa, y este caso es un claro ejemplo de cómo la tecnología puede ser utilizada como una herramienta de control social y de castigo moral.

Mientras el debate sigue ardiendo en las redes, con memes, hilos interminables de discusión y videos de respuesta brotando por doquier, la madre protagonista del video permanece en el anonimato, quizás ajena al huracán que ha desatado o quizás prefiriendo mantenerse al margen del circo mediático. Lo cierto es que su imagen, de espaldas y en ropa deportiva, se ha convertido en un símbolo involuntario de una lucha cultural más amplia: la batalla por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y sus propias vidas, sin tener que pedir permiso ni perdón a una sociedad que siempre parece tener una lupa lista para juzgarlas. La pregunta que queda en el aire es: ¿cuándo aprenderemos a dejar de meternos en la vida ajena y a respetar las decisiones de los demás, especialmente cuando no le hacen daño a nadie? Por lo pronto, el chisme está bueno y la polémica da para largo. ¡Que siga el debate, raza!

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