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TÍTULO: SE BUSCA A MATEO, “EL CHINO”: LA ÚLTIMA SONRISA ANTES DE QUE SE LO TRAGARA LA TIERRA EN IZTAPALAPA

SUBTÍTULO: Un mensaje de WhatsApp a media tarde, una foto casual desde el asiento del copiloto y después, el silencio absoluto. La desaparición de Mateo Alejandro Cruz, un joven de 22 años con toda la vida por delante, ha sacudido a la colonia Santa Martha Acatitla y ha desatado una cacería humana en redes sociales que no piensa detenerse hasta encontrarlo.

POR: REDACCIÓN / LA CRÓNICA URBANA

CIUDAD DE MÉXICO.— Hay sonrisas que se quedan grabadas en la memoria, y la de Mateo Alejandro Cruz, mejor conocido por la raza del barrio como “El Chino”, es una de ellas. En la última foto que se tiene de él, la misma que ahora tapiza postes de luz, casetas telefónicas y muros de Facebook desde Iztapalapa hasta el Centro Histórico, Mateo mira a la cámara con esa tranquilidad que solo da la juventud. Sentado en el asiento del copiloto de un auto, con el cinturón de seguridad puesto y una playera gris de cuello redondo, hace una señal de “amor y paz” con dos dedos cerca de su sien. Sus ojos oscuros, enmarcados por unas cejas pobladas y un corte de cabello rapado a los lados, brillan con una luz que hoy, 72 horas después de su desaparición, parece haberse apagado para su familia.

La pesadilla comenzó el pasado viernes, ese día que todos esperan para desconectarse de la chamba y empezar el fin de semana. Mateo, un chavo tranquilo, chambeador, que se ganaba la vida arreglando celulares en un localito cerca del Metro Constitución de 1917, le avisó a su jefa, doña Rosa, que iba a salir un rato. “Al rato vengo, ma, voy a echarme unos tacos con unos compas y luego paso a ver a la novia”, fueron sus últimas palabras en persona, dichas con la prisa de quien cree que el tiempo es eterno.

Eran eso de las 6:30 de la tarde cuando el celular de su novia, Carla, vibró con un mensaje. Era la foto. Esa foto. Mateo sonriendo, saludando a la cámara desde un coche que no era el suyo, con el sol de la tarde pegándole en la cara. “Ya voy para allá, amor. Ando con el Brayan, nos dio un aventón”, decía el texto que acompañaba la imagen. Carla, acostumbrada a los mensajes esporádicos de su novio cuando andaba en el relajo, le contestó con un emoji de corazón y siguió con lo suyo.

Pero Mateo nunca llegó.

El reloj marcó las 9, las 10, las 11 de la noche. Los mensajes de Carla pasaron de un “caile ya, que se enfría la cena” a un desesperado “¿dónde estás, Mateo? Contesta, por favor”. Las llamadas se iban directo a buzón. La angustia empezó a trepar por la garganta de doña Rosa cuando vio que la medianoche llegaba y la cama de su hijo seguía vacía. “Él no es así, oiga”, nos cuenta con la voz quebrada, aferrada a una impresión a color de la foto de su hijo. “Si se va a tardar, avisa. Si se va a quedar en otro lado, avisa. Mi Chino no me hace esto”.

El sábado por la mañana, la angustia se convirtió en pánico. El famoso “Brayan”, un conocido del barrio con fama de andar en pasos medio chuecos, tampoco aparecía. Su celular también estaba muerto. El coche en el que supuestamente iban, un sedán oscuro que se alcanza a intuir en el fondo borroso de la foto, no ha sido ubicado.

La familia Cruz no esperó las famosas 72 horas que a veces piden las autoridades para empezar a moverse. Se lanzaron al Ministerio Público de Iztapalapa, donde, tras horas de trámites burocráticos y caras largas, lograron levantar la ficha de búsqueda. Pero la verdadera búsqueda, la que se hace con el corazón en la mano y la suela gastada, la empezaron ellos.

Desde el domingo, la imagen de Mateo se ha vuelto viral en las redes locales. El hashtag #DondeEstaElChino se mueve en los grupos de vecinos, en las páginas de denuncias ciudadanas y en los perfiles de cientos de jóvenes que lo conocen. “Es un buen chavo, no se mete con nadie”, “Siempre anda chambeando”, “Devuélvanlo, su familia lo espera”, son los comentarios que se repiten una y otra vez.

La foto se ha convertido en el estandarte de la búsqueda. Esa sonrisa despreocupada, ese gesto de paz que ahora parece una súplica, es lo último que se sabe de él. ¿Qué pasó después de ese clic? ¿A dónde fueron? ¿Con quién se toparon? Las preguntas retumban en la cabeza de doña Rosa y de Carla, que no han pegado el ojo en tres días.

El barrio de Santa Martha, siempre bullicioso, tiene ahora un aire denso. Los vecinos se miran con desconfianza. Se rumora de todo: que si un levantón, que si un ajuste de cuentas, que si estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada. Pero para la familia Cruz, esas son solo palabras. Ellos solo quieren una cosa: que Mateo regrese. Que esa foto no sea el último recuerdo, sino una anécdota más de un fin de semana que se salió de control.

“Le pido a toda la raza, a todos los que vean esto, que si saben algo, lo que sea, por favor nos avisen”, suplica doña Rosa, con lágrimas en los ojos que no se secan. “No queremos culpables, no queremos problemas, solo queremos a mi hijo de vuelta. Chino, si ves esto, regresa, mi amor. Aquí te estamos esperando”.

Mientras tanto, la imagen de Mateo, con su playera gris, su señal de paz y esa sonrisa que no merecía ser apagada, sigue compartiéndose, sigue pegándose en los postes, sigue gritando en silencio la pregunta que tiene a toda una comunidad en vilo: ¿Dónde está “El Chino”?

Si usted tiene alguna información que pueda ayudar a dar con el paradero de Mateo Alejandro Cruz, por favor comuníquese a los números de emergencia o a las redes sociales de los colectivos de búsqueda de la Ciudad de México. Su anonimato será respetado. Hoy por él, mañana podría ser por cualquiera de nosotros.

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