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CRÓNICA ROJA: DE LOS “LIKES” AL LLANTO ETERNO. UNA NOCHE DE EXCESOS Y VELOCIDAD TERMINA EN UNA TRAGEDIA QUE SACUDE A LA SOCIEDAD TAPATÍA
Por: La Redacción / El Metropolitano
GUADALAJARA, JALISCO.— Dicen que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo, pero a veces, el tiempo se acaba de golpe, en un segundo, entre el estruendo de láminas retorcidas y el olor a gasolina y alcohol. Esta es la crónica de una noche que prometía ser inolvidable y que terminó siéndolo, pero por las razones más oscuras. Una historia que entrelaza la vanidad de las redes sociales, la imprudencia al volante y el dolor desgarrador de familias que lo tenían todo y lo perdieron en un parpadeo.
EL PRÓLOGO: LA REINA DEL ESPEJO Y LA PROMESA VIRTUAL
Todo comenzó como cualquier viernes por la tarde en la zona metropolitana. El sol caía y la “chaviza” empezaba a sentir la cosquilla del fin de semana. En una lujosa residencia de Zapopan, Daniela “N” (a quien vemos en la primera imagen), una joven de apenas 22 años conocida en su círculo por su activa vida en Instagram y TikTok, se preparaba para salir.
Como si fuera un ritual sagrado, Daniela se enfundó en un conjunto deportivo color rosa pastel que resaltaba su figura trabajada en el gimnasio. Frente al espejo de cuerpo entero, con el celular último modelo en mano, buscó el ángulo perfecto. Clic. La foto estaba lista. “Más VideeOs aca”, escribió en la historia, acompañando la imagen con una flecha que invitaba a sus miles de seguidores a entrar a un enlace, quizás a una plataforma de contenido exclusivo, quizás solo a su otra red social.
Para Daniela, la vida era eso: una sucesión de momentos capturados para el consumo ajeno, una búsqueda eterna del “like” que validara su existencia. Esa tarde, la promesa de “más videos” era el gancho para una noche que se anticipaba larga y llena de diversión. No sabía que esa sería, quizás, su última selfie frente a ese espejo.

EL NUDO: LA FIESTA, LA TROCA Y LA IMPRUDENCIA
La noche avanzó y los mensajes de WhatsApp iban y venían. El punto de reunión: un conocido antro de la zona de Andares. Ahí llegaron Daniela y su grupo de amigos. En la segunda imagen, al centro, podemos verlos en una foto de archivo: jóvenes, guapos, sonrientes, con toda la vida por delante, disfrutando de la música y el ambiente. Entre ellos estaba Carlos “N”, el hombre de camisa tipo polo que aparece en la foto superior izquierda del collage.
Carlos, de 35 años, era el “chavorruco” del grupo, el que ponía la “troca” y, a menudo, el que pagaba las botellas. Esa noche, la “peda” se salió de control. Las cubas iban y venían, los shots de tequila no cesaban y la euforia etílica nubló el juicio de todos. Cerca de las 3:00 de la mañana, cuando el antro cerraba sus puertas, a alguien “se le hizo fácil” sugerir seguirla en otro lado.
Se subieron a la camioneta roja de Carlos, una pickup de modelo reciente que rugía con potencia. Eran demasiados para el vehículo, pero el alcohol les hizo creer que eran invencibles. Carlos, visiblemente afectado por las bebidas, tomó el volante. La tragedia estaba servida.
Según los primeros peritajes, la camioneta circulaba a más de 140 kilómetros por hora sobre una avenida principal mojada por una llovizna reciente. Al intentar tomar una curva pronunciada, Carlos perdió el control. La física no perdona. La pesada unidad derrapó, se impactó contra un poste de luz y terminó volcándose aparatosamente, como se aprecia en la brutal imagen de la camioneta roja destrozada del frente.
El estruendo despertó a los vecinos de varias cuadras a la redonda. Lo que siguió fue el caos absoluto. La imagen inferior del collage captura la escena dantesca: la calle iluminada por las luces estroboscópicas de las patrullas y ambulancias, la “tira” acordonando la zona, los curiosos arremolinados intentando ver qué pasaba, el “mitote” de la desgracia. Los paramédicos corrían de un lado a otro, luchando por sacar a los jóvenes de entre los fierros retorcidos. El olor a muerte se mezclaba con el del combustible derramado.
Carlos, el conductor, sobrevivió casi ileso, protegido por las bolsas de aire y, paradójicamente, por su estado de ebriedad. Su mirada perdida en la foto de fichaje (arriba a la izquierda en el collage) lo dice todo: la cruda realidad le estaba pegando más fuerte que cualquier tequila.
EL DESENLACE: EL SUEÑO ROTO DE UNA FAMILIA PERFECTA
Mientras la sangre corría en el asfalto, a varios kilómetros de ahí, en una casa que respiraba paz y prosperidad, otra escena se desarrollaba, ajena al horror.
En la tercera imagen vemos el retrato de lo que muchos considerarían la felicidad completa. Un matrimonio joven y apuesto, él de traje impecable, ella de elegancia serena, sostienen en brazos a un bebé recién nacido. Son los tíos de una de las jóvenes que viajaba en la camioneta roja, una familia que representa la estabilidad, el futuro brillante, todo aquello que se supone que esos muchachos debían alcanzar.
Ellos estaban en casa, quizás arrullando al bebé, quizás esperando una llamada para saber que su sobrina ya iba de regreso. La llamada llegó, pero no fue la que esperaban. Fue la llamada que ningún padre, tío o hermano quiere recibir jamás. La voz metálica de un oficial al otro lado de la línea, las palabras entrecortadas, la petición de acudir al Semefo a identificar un cuerpo.
El contraste es brutal. De la frivolidad del espejo y la selfie en ropa rosa, pasamos al estruendo de la muerte en la carretera, y finalmente, al silencio sepulcral de una familia cuyo sueño americano a la mexicana se hizo pedazos.
Hoy, las redes sociales de Daniela ya no piden “más videos”. Hoy, sus perfiles están llenos de moños negros y mensajes de “Descanse en paz”. La camioneta roja es pérdida total en un corralón. Carlos enfrenta cargos por homicidio culposo agravado. Y en la casa de la familia perfecta, el llanto del bebé se mezcla con el llanto de unos adultos que no entienden cómo una noche de fiesta pudo terminar con tantos futuros cancelados. Una vez más, el asfalto cobra su cuota de sangre joven, recordándonos que la vida no es un filtro de Instagram y que las decisiones de un segundo, bajo el influjo del alcohol, son irreversibles.