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Accidente fatal provoca que tres cortadores de limón salieran proyectados de l…Ver más

Accidente fatal provoca que tres cortadores de limón salieran proyectados de l…Ver más

 

¡PÁRENLE A SUS ROTATIVAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO PORQUE ESTO ESTÁ MÁS FUERTE QUE UN TEQUILA DOBLE EN AYUNAS!

TÍTULO PRINCIPAL: ¡TRAGEDIA EN EL ASFALTO! LA HUESUDA VIAJABA DE COPILOTO Y SE LLEVÓ A TRES ALMAS INOCENTES. ¡UN CAFRE AL VOLANTE DESTROZÓ UNA FAMILIA Y DEJÓ A UNA COMUNIDAD ENTERA AHOGADA EN LLANTO Y RABIA!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita en el celular que nos heló el alma: “Accidente fatal provoca que tres cortadores de limón salieran proyectados de l…Ver más”. Ese pinch “Ver más” que nos dejó con el Jesús en la boca. ¡Pues la espera terminó, valedores! Aquí les traemos la neta del planeta, la crónica sin censura, con pelos y señales, de cómo una mañana de trabajo se convirtió en un infierno de fierros retorcidos y sangre en la carretera. ¡Pásale a leer el chisme mortal que las autoridades no quieren que sepas!*


POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS

EN ALGÚN LUGAR DE LA CARRETERA NACIONAL (DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO).– ¡Ay, nanita! Mis queridos paisanos, hoy la tinta de esta redacción sabe a lágrimas y huele a gasolina quemada. Si usted es de los que piensa que salir a ganarse el pan honradamente es seguro en este país, prepárese para el golpe de realidad más gacho de la década.

Porque esta mañana, mis valedores, el destino jugó chueco y la muerte se disfrazó de imprudencia al volante.

Eran apenas las 6:00 de la mañana. El sol ni siquiera había salido bien, pero la gente de campo, esa raza noble que nos da de tragar, ya estaba arriba. En la comunidad de “El Limoncito”, famosa por sus huertas verdes y jugosas, una cuadrilla de cortadores se preparaba para la jornada.

Don Chuy, el capataz, un señorón de 55 años con las manos curtidas por el sol y la chamba, subió a su camioneta, una Ford Lobo viejita pero cumplidora, a seis de sus mejores muchachos. Entre ellos iban Beto, un chavo de 22 años que apenas la semana pasada se había casado; Carlitos, de 19, que estaba juntando lana para pagar su universidad; y Don Pedro, un veterano de 60 años que ya pensaba en jubilarse para disfrutar a sus nietos.

Se subieron a la batea, como siempre lo hacían. Iban echando relajo, contando chistes, soñando despiertos mientras el viento fresco de la mañana les pegaba en la cara. No sabían que ese viento pronto se convertiría en el aliento de la muerte.

LA CRÓNICA DEL HORROR: UN MISIL SOBRE RUEDAS

La camioneta de Don Chuy iba tranquila por la carretera federal, a vuelta de rueda, porque la carga era pesada (ya llevaban algunas cajas de limón) y porque Don Chuy era un hombre precavido.

Pero a unos kilómetros de ahí, venía la desgracia a toda velocidad. Un tráiler doble remolque, una mole de acero de 40 toneladas cargada hasta las manitas, venía bajando “la cuesta del diablo” como alma que lleva el Chamuco.

El chofer del tráiler, un sujeto que ahorita está más escondido que billete de a 500 en quincena, venía “echando las altas” y pitando como desesperado. ¿Se quedó sin frenos? ¿Venía “erizo” o hasta las chanclas de alguna sustancia? Eso todavía no lo sabemos, pero el resultado fue el mismo: una carnicería.

Al salir de una curva cerrada, el trailero se encontró de frente con la camioneta de Don Chuy. No hubo tiempo de nada. Ni de rezar, ni de volantear.

¡EL IMPACTO FUE BRUTAL! ¡NO MANCHES!

El tráiler no se detuvo. Embistió a la camioneta por la parte trasera con la fuerza de un tren descarrilado. El estruendo se escuchó a kilómetros. Fierros retorcidos, chispas volando, el olor penetrante a gasolina derramada, caucho quemado y, tristemente, el olor metálico de la sangre.

La camioneta salió disparada fuera de la carretera, dando volteretas en el aire como si fuera de juguete. Pero lo peor, raza, lo que nos parte el alma, fue lo que pasó en la batea.

Beto, Carlitos y Don Pedro no tuvieron oportunidad. La fuerza del golpe los catapultó. Salieron proyectados como muñecos de trapo, volando por los aires antes de impactar violentamente contra el asfalto frío y duro, y contra los árboles que bordean el camino.

La escena era dantesca. Parecía zona de guerra. Los cuerpos quedaron esparcidos a decenas de metros de la camioneta. Las cajas de limones se rompieron, y la fruta quedó regada por toda la carretera, como lágrimas verdes que lloraban la tragedia.

EL CAOS Y EL LLANTO EN LA CARRETERA

Los otros tres trabajadores que iban en la cabina con Don Chuy resultaron heridos de gravedad, prensados entre los fierros. Don Chuy, milagrosamente, sobrevivió, pero estaba en shock, gritando los nombres de sus muchachos mientras intentaba salir de la chatarra humeante.

Llegaron los servicios de emergencia, pero para Beto, Carlitos y Don Pedro, ya era demasiado tarde. Los paramédicos, con el nudo en la garganta, solo pudieron cubrirlos con sábanas azules.

La noticia corrió como reguero de pólvora. Las familias llegaron al lugar. Los gritos de las madres, las esposas y los hijos rompían el silencio de la mañana. Doña Rosa, la mamá de Carlitos, se desmayó al ver la gorra de su hijo tirada en el suelo, manchada de sangre. La esposa de Beto, con su vestido de novia todavía colgado en el ropero, no podía creer que su felicidad hubiera durado tan poco.

LA INDIGNACIÓN DEL PUEBLO: ¡JUSTICIA O GUERRA!

¿Y el chofer del tráiler? ¡Bien, gracias! El muy cobarde, al ver el desmadre que armó, se bajó de la cabina y se peló entre la oscuridad del monte. Huyó como las ratas, dejando atrás la muerte y la destrucción. La pesada unidad pertenece a una empresa “fantasma” con placas sobrepuestas. ¡Lo mismo de siempre en este país de la impunidad!

El pueblo de “El Limoncito” está que arde. La tristeza se ha convertido en una furia ciega. Los campesinos han bloqueado la carretera, quemando llantas y exigiendo que las autoridades den con el responsable.

“¡Ya estamos hartos de que nos maten como animales!”, gritaba el líder de los cortadores. “¡Esos pinches traileros se creen dueños de la carretera y el gobierno no hace nada!”.

Ese “Ver más” que leíste en tu celular escondía el dolor de tres familias destrozadas. Hoy el asfalto sigue manchado de sangre y las lágrimas no dejan de correr.

Exigimos que las autoridades hagan su chamba. Que encuentren al chofer y lo refundan en el bote. Que esto no sea otro carpetazo más. Porque hoy fueron ellos, Beto, Carlitos y Don Pedro, pero mañana podrías ser tú o yo, regresando de la chamba.

¡Descansen en paz, carnales del campo! Y al asesino que huyó… el karma tiene buena memoria y te va a alcanzar, donde quiera que te escondas. ¡He dicho!

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