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Un hombre resultó lesionado luego de que un vehículo le c…Ver más

Un hombre resultó lesionado luego de que un vehículo le c…Ver más

 

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO PORQUE ESTO ESTÁ MÁS CALIENTE QUE EL ASFALTO AL MEDIODÍA!

TÍTULO PRINCIPAL: ¡SE SALVÓ DE MILAGRO! UN DON NADIE LE VIO LA CARA A LA HUESUDA Y VIVIÓ PARA CONTARLO DESPUÉS DE QUE UN MONSTRUO DE CUATRO RUEDAS LE “CORTARA” EL PASO. ¡EL VIDEO DEL HORROR QUE TIENE A TODO MÉXICO CON LOS PELOS DE PUNTA!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita en el celular: “Un hombre resultó lesionado luego de que un vehículo le c…Ver más”. El morbo nos ganó, le dimos clic y… ¡ZAZ! La imagen nos revolvió la tripa. Un pobre diablo tirado en la banqueta, una nave destrozada y la pregunta del millón: ¿Le cortaron la pierna? ¿Le cortaron la vida? ¡Aquí te contamos la neta del planeta, sin censura y con todos los detalles jugosos que la tele fifí no te quiere pasar!


POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA DESDE EL LUGAR DE LOS HECHOS

CIUDAD DE MÉXICO (DONDE EL PEATÓN ES ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN).– ¡Ay, nanita! Mis queridos lectores, si ustedes piensan que cruzar la calle en esta selva de concreto es cosa fácil, déjenme decirles que están jugando a la ruleta rusa con el diablo. La historia de hoy es la prueba viviente de que en un parpadeo, la vida te cambia, y a veces, el destino te da una segunda oportunidad aunque quedes hecho pomada.

Todo sucedió ayer, a eso de las 5:00 de la tarde, la hora pico del caos vial, en la siempre conflictiva y traicionera Avenida Central, allá por los rumbos de Ecatepec (¡dónde más, si no es en el Estado de México!). El sol pegaba a plomo, los cláxones sonaban como banda de guerra desafinada y la gente corría para alcanzar la combi de regreso a casa.

Nuestro protagonista involuntario es Don Pancracio “N”, un señorón de 55 años, albañil de oficio y hombre de bien, que regresaba de la chamba con su itacate vacío y las ganas de echarse un taco. Don Pancracio cometió el “error” más común del mexicano: confiar en que el semáforo peatonal lo protegería. ¡Pobre iluso!

LA CRÓNICA DEL IMPACTO: “SENTÍ QUE ME CHUPABA LA BRUJA”

Según los testigos, que son más chismosos que verdulera en mercado, Don Pancracio estaba esperando pacientemente a que el muñequito verde del semáforo le diera luz verde. Cuando se prendió, el señor dio el primer paso sobre la cebra peatonal. Un paso hacia el infierno.

En ese preciso instante, apareció la bestia metálica. Un Nissan Tsuru tuneado, color rojo “sangre de toro”, con los vidrios polarizados más oscuros que la conciencia de un político y un escape ruidoso que parecía anunciar la llegada del Apocalipsis. El conductor, un chavo de no más de 20 años, con la gorra de lado y la música de reggaetón a todo volumen, decidió que el semáforo rojo era solo una “sugerencia”.

¡Se lo pasó por el arco del triunfo, mi gente! Aceleró a fondo, queriendo ganarle al destino.

— “¡NOOOO! ¡SE LO LLEVA, SE LO LLEVA!”, gritó Doña Chonita, la señora de los elotes que vio todo en primera fila y casi se le cae el anafre del susto.

El impacto fue brutal. Seco. Un sonido sordo de metal contra carne y hueso que heló la sangre de los presentes. El Tsuru embistió a Don Pancracio de lleno. No lo aventó, lo enganchó.

Aquí viene lo peor, raza. Agárrense.

El coche, por la velocidad que traía, no se detuvo al instante. Arrastró a Don Pancracio por unos metros. La pierna derecha del señor quedó atorada entre la defensa delantera y la llanta, actuando como una palanca macabra. El metal de la salpicadera, afilado por un choque anterior mal arreglado, funcionó como una guillotina improvisada.

— “¡Me cortó, me cortó la pata!”, gritaba Don Pancracio, con un dolor que no se le desea ni al peor enemigo, mientras rodaba por el pavimento caliente.

El Tsuru finalmente se detuvo al estrellarse contra un poste de luz. El cofre quedó hecho acordeón. El conductor, el muy cobarde, salió huyendo como rata por tirante, perdiéndose entre el tráfico y la confusión.

EL CAOS Y EL MILAGRO EN LA BANQUETA

La escena era dantesca. Don Pancracio tirado en un charco de su propia sangre, con la pierna derecha en un ángulo imposible, la carne abierta y el hueso asomándose. La gente corrió a ayudarlo, pero al ver la gravedad de la herida, muchos se echaron para atrás, pálidos como la cera.

— “¡Llamen a una ambulancia, rápido!”, gritaba un estudiante de medicina que pasaba por ahí y que le aplicó un torniquete improvisado con su cinturón. “¡Si no le paramos la sangre, se nos va!”.

Fueron minutos eternos. La gente grababa con sus celulares (¡maldita costumbre moderna!), los policías de tránsito llegaron nomás a estorbar y a pitar su silbato como si eso curara las heridas.

Finalmente, llegaron los paramédicos de la Cruz Roja. Héroes sin capa que se la rifan todos los días. Al ver la lesión, negaron con la cabeza. “Está cañón, jefe”, le dijo uno al otro. “La pierna está casi cercenada, solo la detiene un pedazo de piel y músculo”.

Cargaron a Don Pancracio en la camilla, pálido, casi inconsciente por el dolor y la pérdida de sangre. La sirena se encendió y la ambulancia se abrió paso a toda velocidad rumbo al hospital de traumatología.

EL DESENLACE: ¿LE CORTARON LA PIERNA?

Aquí es donde el titular que vieron en el celular cobra sentido. “Un vehículo le c…”. La gente pensó: “le cortó la pierna”. Y casi, raza, casi.

Don Pancracio entró directo a quirófano. Un equipo de cirujanos se aventó una operación de ocho horas. Fue una batalla campal para salvarle la extremidad. Tuvieron que unir arterias, venas, nervios, reconstruir hueso y músculo.

El milagro ocurrió en la mesa de operaciones. La pierna, que parecía perdida, recuperó color. El flujo sanguíneo se restableció. ¡Se la salvaron, cabrones! ¡Se la salvaron!

Claro, no quedó como nueva. Don Pancracio va a necesitar meses, quizás años, de rehabilitación. Probablemente quede cojo de por vida. Pero tiene su pierna. Y lo más importante: ¡TIENE SU VIDA!

LA CACERÍA DEL CAFRE: EL PUEBLO EXIGE JUSTICIA

Mientras Don Pancracio se recupera en el hospital, el barrio está que arde. La imagen del Tsuru rojo tuneado se viralizó en redes sociales. Los vecinos, indignados, ya le pusieron precio a la cabeza del conductor fugitivo.

— “¡Si la policía no lo agarra, lo vamos a agarrar nosotros y le vamos a dar su merecido!”, gritó el líder de los taxistas de la zona, amigo de Don Pancracio.

Se sabe que el coche no tenía placas y era “chocolate”. Pero la justicia divina (y la del feisbuk) es canija. Alguien reconoció la nave. Alguien sabe quién es el “Kevin” o el “Brayan” que iba manejando. Ya circulan fotos del presunto culpable en los grupos de WhatsApp de la colonia. Es cuestión de horas para que caiga.

Esta historia, mi gente, es un recordatorio brutal de que la calle es una jungla. Un paso en falso, un cafre al volante, y tu vida se puede ir al carajo. Don Pancracio la libró de milagro, pero la próxima víctima podrías ser tú o yo.

Así que ya saben: crucen con cuidado, volteen para los dos lados aunque el semáforo esté en verde, y si ven un Tsuru tuneado… ¡mejor córrale, compadre, porque el diablo anda suelto y a veces maneja un coche japonés viejo!

Seguiremos informando sobre la cacería del responsable. ¡Justicia para Don Pancracio! ¡Qué este crimen no quede impune!

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