Este muchacho se busco una páliza por roba…ver mas

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TÍTULO: EL PACIENTE SILENCIOSO DEL CINTILLO BLANCO: UNA VIDA EN PAUSA Y UN NOMBRE QUE NADIE RECLAMA EN LA SALA DE URGENCIAS

SUBTÍTULO: Es joven, de rasgos fuertes y yace conectado a un respirador en una cama de hospital de la Ciudad de México. No tiene credencial, ni teléfono, ni voz. Solo un listón blanco atado al tubo que lo mantiene vivo y una ficha médica que reza “Desconocido Masculino de aprox. 25 años”. Su rostro, ahora difundido por la iniciativa “Identidades Olvidadas”, es un grito mudo que busca desesperadamente a alguien que lo reconozca antes de que sea demasiado tarde.

POR: LA REDACCIÓN / CRÓNICA METROPOLITANA

CIUDAD DE MÉXICO.— El sonido es constante, monótono, casi hipnótico: bip, bip, bip. Es el metrónomo que marca los segundos, los minutos y las horas en la Unidad de Terapia Intensiva de un hospital público en el corazón de esta urbe monstruosa. Ahí, entre el olor a alcohol y la frialdad de los azulejos, en la cama número 14, yace un misterio de carne y hueso. Un misterio que respira gracias a una máquina y cuyo destino pende de un hilo tan delgado como el listón blanco que alguna mano piadosa –quizás una enfermera con corazón de madre, quizás un residente que aún no pierde la fe– ató cuidadosamente al tubo endotraqueal que se hunde en su garganta.

La imagen que acompaña esta crónica es dura, lo sabemos. No es fácil mirar de frente la vulnerabilidad humana en su máxima expresión. Vemos un rostro joven, de tez morena, con el cabello negro y lacio un poco alborotado contra la almohada blanca. Sus ojos están cerrados, cubiertos por una franja de censura que protege una identidad que, paradójicamente, nadie conoce. La boca entreabierta, forzada por el plástico y las cintas que aseguran el soporte vital, no puede contar su historia. No puede decir “me llamo Juan”, “soy de Oaxaca”, o “mi mamá me está esperando”. Es, por ahora, un “NN”, un Ningún Nombre, un náufrago en el mar de concreto de la CDMX.

EL HALLAZGO EN LA MADRUGADA FRÍA

La historia de este “paciente silencioso” comienza, como tantas otras en esta ciudad, en la penumbra de la madrugada. El reporte policial es escueto, frío como el asfalto donde lo encontraron. Fue hace tres días, en las inmediaciones de la Central del Norte, esa zona donde convergen viajeros cansados, sueños de provincia y peligros urbanos. Una patrulla de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en su rondín habitual, vio un bulto tirado en una banqueta poco iluminada.

No era un borracho más durmiendo la mona, como pensaron al principio los oficiales. Al acercarse, notaron la respiración superficial, la piel pálida y fría, la ausencia de respuesta a los estímulos. “¡Hey, carnal! ¿Estás bien?”, le gritó uno de los policías, moviéndolo del hombro. Nada. El joven estaba completamente inconsciente.

Revisaron sus bolsillos buscando una cartera, una credencial del INE, un celular, cualquier cosa que les diera un norte sobre quién era. Nada. Sus pantalones de mezclilla desgastados y su playera de algodón barata estaban vacíos de pistas. Era como si hubiera caído del cielo, o como si alguien se hubiera encargado de borrar su rastro antes de abandonarlo a su suerte. Sin señales visibles de violencia extrema, sin heridas de bala o punzocortantes, el diagnóstico inicial en el lugar fue un misterio médico: ¿una sobredosis? ¿un golpe de calor severo? ¿una enfermedad súbita no tratada?

La ambulancia del ERUM llegó rápido. Los paramédicos trabajaron contrarreloj, estabilizándolo lo suficiente para el traslado. “Va muy grave, jefe, apenas si la cuenta”, le dijo el paramédico al policía antes de cerrar las puertas y encender la sirena, abriéndose paso entre el tráfico incipiente de la mañana.

LA BATALLA EN LA CAMA 14 Y EL LISTÓN DE LA ESPERANZA

Al llegar a urgencias, el joven fue ingresado como “Desconocido Masculino, aproximadamente 25-30 años”. El equipo médico de guardia se volcó sobre él. Estudios, análisis, maniobras de reanimación. Su estado era crítico. Una falla respiratoria severa obligó a la intubación inmediata, el procedimiento que vemos en la fotografía. Su cerebro, según los primeros escáneres, mostraba signos de inflamación, pero la causa sigue siendo un rompecabezas. Podría ser una infección viral fulminante, una reacción autoinmune rara, o las secuelas de una intoxicación no detectada en los primeros análisis toxicológicos.

Desde entonces, permanece en un coma inducido. Su cuerpo joven lucha una batalla silenciosa contra la muerte, asistido por la tecnología y los cuidados del personal. Y ahí, en medio de esa lucha técnica, apareció el detalle humano: el listón blanco.

“Se lo pusimos nosotras”, confiesa Lupita, una de las enfermeras del turno nocturno, con los ojos vidriosos. “Es un ‘detallito’, una maña que tenemos aquí. El blanco es pureza, es luz, es esperanza. Es para decirle que no está solo, que aunque no sepamos su nombre, aquí lo estamos cuidando como si fuera nuestro propio hijo o hermano. Es para que sepa que tiene que echarle ganas”. Ese lazo sencillo se ha convertido en el símbolo de su resistencia, una pequeña bandera de tregua en la guerra que libra su organismo.

LA BÚSQUEDA DESESPERADA DE UN NOMBRE

Pero la medicina no es lo único que urge en este caso. Mientras los doctores tratan de salvar su cuerpo, el departamento de Trabajo Social, en colaboración con la iniciativa “Identidades Olvidadas”, libra otra batalla igual de importante: la de devolverle su nombre, su historia, su dignidad.

La licenciada Ramírez, una trabajadora social con años de experiencia y un corazón que no se endurece a pesar de todo lo que ve, ha movido cielo, mar y tierra. Se tomaron sus huellas dactilares y se enviaron a las bases de datos de la Fiscalía y del INE, con la esperanza de un “match” rápido. Hasta ahora, el sistema solo devuelve silencio. Se han revisado los reportes de personas desaparecidas de las últimas semanas, buscando coincidencias en la descripción física: joven, tez morena, cabello negro, sin tatuajes visibles, de complexión media. Han surgido un par de pistas falsas, familias desesperadas que llegan al hospital con una foto en mano, solo para derrumbarse al ver que el joven de la cama 14 no es su ser querido.

“Es la parte más difícil de mi chamba”, dice la Licenciada Ramírez. “Ver a este muchacho aquí, tan solo, y pensar que allá afuera, en algún lugar, hay una madre que no ha dormido, una novia que sigue marcando a un celular apagado, un padre que recorre Semefos y hospitales con el alma en un hilo. Alguien lo está buscando, estoy segura. Un chavo así no desaparece de la nada”.

La decisión de hacer pública su imagen, aunque censurada, fue el último recurso. Una botella lanzada al mar digital. “Sabemos que es fuerte ver la foto así, intubado”, explica un vocero de ‘Identidades Olvidadas’. “Pero necesitamos que la gente lo vea. Quizás un vecino lo reconozca por el corte de pelo, quizás un compañero de trabajo diga ‘ese se parece al Pedro que no vino el lunes’. Necesitamos ese chispazo de reconocimiento para jalar el hilo y encontrar a su familia”.

UN LLAMADO A LA SOLIDARIDAD CHILANGA

Hoy, el “paciente del cintillo blanco” es hijo de todos nosotros. Es el rostro de los miles que se pierden en el anonimato de esta ciudad devoradora. Su silencio nos interpela.

Por eso, hacemos un llamado urgente a toda la banda, a los lectores de la Crónica Metropolitana. Miren bien la foto. No se queden solo con el morbo de los tubos. Miren más allá de la censura en los ojos. ¿Les resulta familiar la forma de su cara, su nariz, su tipo de cabello? ¿Conocen a alguien de esas características que haya dejado de comunicarse desde principios de semana? ¿Alguien que trabajara por la zona de la Central del Norte, o que acabara de llegar de algún estado?

Cualquier dato, por mínimo que parezca, puede ser la llave que abra la puerta de este misterio. Puede ser la diferencia entre que este joven termine en una fosa común como un número más, o que pueda ser reclamado por los suyos, cuidado con amor, y quizás, solo quizás, despertar algún día y escuchar su propio nombre de labios de quien lo quiere.

Si tienen información, por favor, no duden en contactar a las autoridades correspondientes o a las redes sociales de “Identidades Olvidadas”. No dejemos que este listón blanco sea solo un adorno. Hagamos que sea la promesa cumplida de que en México, nadie se queda atrás, nadie se olvida. Hoy por él, mañana quién sabe. Ayudemos a que el paciente de la cama 14 recupere su identidad antes de que el bip, bip, bip se detenga para siempre.

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