Fue expulsado de su casa y amaneció sin vi… Ver más

¡PÁRENLE A SUS ROTATIVAS Y AGÁRRENSE EL CORAZÓN PORQUE SE LES VA A SALIR DEL PECHO! ¡ESTA HISTORIA ESTÁ MÁS FRÍA QUE EL PAVIMENTO DONDE LO ENCONTRARON!
TÍTULO EXPLOSIVO: ¡TRAGEDIA NACIONAL! LA HUESUDA COBRA SU CUOTA EN LA NOCHE MÁS HELADA: UN ABUELITO FUE TIRADO A LA CALLE COMO BASURA POR SU PROPIA SANGRE Y EL FRÍO MORTAL DE LA CIUDAD SE LO LLEVÓ PARA SIEMPRE. ¡MÉXICO ENTERO LLORA DE RABIA Y VERGÜENZA!
SUBTÍTULO DE IMPACTO: El titular maldito que te apareció en el celular no era un chisme: “Fue expulsado de su casa y amaneció sin vi… Ver más”. ¡Ese pinche “Ver más” que nos quita el sueño! La realidad detrás de esos tres puntos suspensivos es una pesadilla que nadie debería vivir. Don Chuy, un viejo roble de 82 años que dio su vida por su familia, terminó sus días solo, tiritando y olvidado en una banqueta, víctima de la ingratitud más perra. ¡Aquí te contamos la neta, la crónica de una infamia que clama al cielo por justicia!
POR: “EL TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA ROJA DE LA CIUDAD DE LA FURIA
CIUDAD DE MÉXICO (Y DEL OLVIDO ETERNO).– ¡Ay, nanita! Mis valedores, si usted es de los que piensa que el diablo vive en el infierno, déjeme decirle que está muy equivocado. El chamuco a veces vive bajo nuestro propio techo, come en nuestra mesa y tiene nuestra misma sangre. La historia que hoy les traemos calientita (aunque el tema esté helado) es la prueba viviente de que la crueldad humana no tiene límites, y de que a veces, la familia es el enemigo más culero que uno puede tener.
Todo comenzó ayer por la tarde, cuando el sol apenas se estaba metiendo y el frío de la temporada invernal empezaba a calar los huesos. En una de esas colonias populares donde la vida se gana a pulso, la tragedia se estaba cocinando a fuego lento.
Don Jesús, “Don Chuy” pa’ la banda del barrio, un señorón de 82 años con las manos curtidas de tanto trabajar y los ojos cansados de tanto ver chingaderas, vivía en la casa que él mismo construyó ladrillo por ladrillo. Vivía, es un decir, porque en realidad sobrevivía arrimado en un cuartito de azotea que su hijo mayor, el “Brayan” (un bueno para nada de 40 años que todavía pide para el gasto), le había “prestado” de mala gana.
Resulta que al mentado Brayan y a su esposa, una tal “Britany” (otra joyita de la corona), ya les estorbaba el viejo. Que si tosía mucho en la noche, que si ya no oía bien y había que gritarle, que si olía a “viejo”. ¡Háganme el rechingado favor! ¡Si Don Chuy olía a viejo, es porque se partió el lomo toda su vida para que estos malagradecidos tuvieran qué tragar!
El zafarrancho se armó cuando Don Chuy, en su inocencia, les pidió que le bajaran tantito a la música porque quería dormir. El Brayan, que andaba hasta las chanclas de caguamas, se puso como loco. “¡Ya me tienes hasta la madre, pinche viejo inútil!”, le gritó. Y ahí mismo, sin tentarse el corazón, agarró las pocas garras de Don Chuy, las metió en una bolsa de basura negra y, a empujones, sacó a su propio padre a la calle.
LA NOCHE MÁS LARGA Y FRÍA DE DON CHUY
¡Imagínense la escena, raza! Un abuelito de más de ocho décadas, con una chamarra raída que no calentaba ni un comal, parado en la banqueta mientras su hijo le cerraba la puerta en la jeta. El frío estaba cabrón, de esos que te congelan hasta las ideas. El termómetro marcaba apenas unos grados sobre cero, pero la sensación térmica era de estar en el mismísimo Polo Norte.
Don Chuy, con su dignidad rota y el corazón hecho pedazos, no supo qué hacer. No tenía a dónde ir. Sus otros hijos viven lejos o de plano se hicieron ojo de hormiga hace años. No tenía dinero, no tenía teléfono. Solo tenía esa bolsa de basura negra con sus recuerdos y el frío que se le empezaba a meter en el cuerpo.
Caminó unas cuadras, arrastrando los pies, con la esperanza de encontrar un refugio. Las luces de las casas vecinas estaban prendidas, se escuchaban risas, se olía la cena caliente. Pero para Don Chuy, el mundo se había vuelto un lugar hostil y oscuro.
Finalmente, el cansancio y el frío lo vencieron. Se sentó en la entrada de un negocio cerrado, tratando de hacerse bolita para guardar un poco de calor. Se tapó con un cartón que encontró por ahí. Un perro callejero se le acercó, quizás oliendo su tristeza, y se acurrucó a su lado. Fue el único ser vivo que le dio un poco de consuelo en sus últimas horas.
La noche avanzó, implacable. El frío se volvió un cuchillo de hielo. La hipotermia empezó a hacer su trabajo sucio. Don Chuy, en su delirio, quizás pensó que estaba de nuevo en su cama, calientito. Quizás soñó con su esposa difunta, que lo esperaba con los brazos abiertos. Poco a poco, se fue quedando dormido, un sueño del que ya no despertaría jamás.
EL MACABRO HALLAZGO AL AMANECER
Hoy temprano, cuando los primeros rayos del sol intentaban calentar la ciudad y los godínez corrían para alcanzar el metro, Doña Rosa, la señora que vende tamales en la esquina, se topó con la imagen que le va a quitar el sueño por el resto de su vida.
Vio el bulto en la entrada del negocio. Pensó que era basura, pero al acercarse vio el cartón, vio la bolsa negra y vio una mano pálida y tiesa que asomaba por debajo.
El grito que pegó Doña Rosa despertó a media colonia. ¡Ay, nanita! Se le fue el alma a los pies. Llamó al 911 con las manos temblorosas.
Cuando llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, ya no había nada que hacer. Don Chuy ya era un ángel más en el cielo. El diagnóstico preliminar fue contundente: muerte por hipotermia. Se murió de frío. Se murió de olvido. Se murió de tristeza.
EL BARRIO ARDE DE RABIA: ¡JUSTICIA PARA DON CHUY!
La noticia corrió como reguero de pólvora. Los vecinos, esos mismos que anoche no oyeron nada, ahora estaban indignados. Se juntaron afuera de la casa del Brayan con pancartas y gritos. “¡Asesino!”, “¡Malnacido!”, “¡Ojalá te pudras en el infierno!”.
El Brayan, el muy cínico, ni siquiera salió a dar la cara. Se atrincheró en la casa que le robó a su padre. La policía tuvo que llegar para calmar los ánimos, porque el barrio estaba listo para aplicarle la “justicia del pueblo” y linchar al malagradecido.
REFLEXIÓN FINAL: ¿EN QUÉ NOS ESTAMOS CONVIRTIENDO?
Esta historia, mis valedores, no es solo una nota roja más. Es un espejo donde nos vemos reflejados como sociedad y la neta, la imagen está de la chingada. ¿En qué momento perdimos el respeto por nuestros viejos? ¿En qué momento un metro cuadrado de vivienda vale más que la vida del hombre que te la dio?
Ese “Ver más” del titular escondía la verdad más dolorosa: que a veces, el monstruo no está debajo de la cama, está en la sala viendo la tele.
Hoy, una familia tiene un integrante menos y una mancha de vergüenza que nunca se van a poder quitar. Hoy, el cielo tiene un nuevo inquilino que llegó con el alma congelada. ¡Descansa en paz, Don Chuy! Y al Brayan… ay, mijito, el karma es canijo y te va a cobrar esta factura con intereses de agiotista.
¡Compartan esta historia hasta que les duelan los dedos! Que todo México se entere de esta infamia y que la presión social haga lo que la justicia a veces no puede. ¡No más abuelitos abandonados! ¡Justicia para Don Chuy!