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Un exceso de velocidad que cobró la vid4 de nuestro queridísimo actor..Ver mas

Un exceso de velocidad que cobró la vid4 de nuestro queridísimo actor..Ver mas

 

¡PÁRENLE A SUS PRENSAS, MI RAZA! ¡SUELTEN EL BOLILLO PA’L SUSTO Y AGÁRRENSE DEL ASIENTO PORQUE LA NOTICIA QUE LES TRAEMOS HOY ESTÁ MÁS CALIENTE QUE EL ASFALTO AL MEDIODÍA Y MÁS CRUDA QUE LA REALIDAD MISMA!

TÍTULO EXPLOSIVO: ¡SE NOS ESTRELLÓ EL ÍDOLO! LA HUESUDA VIAJABA DE COPILOTO A 250 KM/H. CRÓNICA ROJA DEL INFIERNO DE FIERROS RETORCIDOS QUE ACABÓ CON LA VIDA DE NUESTRO “GAVILÁN DE ORO”, ROGELIO MONTALVO. ¡MÉXICO ENTERO LLORA SANGRE!

SUBTÍTULO DE IMPACTO: Todos vimos esa notificación maldita en el celular que nos heló el alma a medianoche: “Un exceso de velocidad que cobró la vid4 de nuestro queridísimo actor..Ver mas”. Ese pinch “Ver más” que nos dejó con el Jesús en la boca. ¡Pues la espera terminó, valedores! Aquí les traemos la neta del planeta, la crónica sin censura, con pelos y señales, de cómo el exceso de confianza y una máquina infernal de medio millón de dólares mandaron al otro barrio al galán que hizo suspirar a tu abuelita, a tu jefa y hasta a tu novia. ¡Pásale a leer el chisme mortal que las televisoras fifís no se atreven a contarte completo!*


POR: EL “TUNDEMÁQUINAS” RAMÍREZ / CRÓNICA POLICIACA DESDE EL KILÓMETRO DEL DIABLO

CIUDAD DE LA FURIA (Y AHORA DEL LUTO NACIONAL).– ¡Ay, nanita! Mis queridos paisanos, hoy la tinta de esta redacción sabe a lágrimas y huele a gasolina quemada. Si usted es de los que creció viendo las novelas de las nueve, de los que vibró con las películas de acción donde el héroe siempre salía vivo, prepárese para el golpe de realidad más gacho de la década.

Porque anoche, mis valedores, la ficción no pudo salvar a la realidad. Anoche, el guion lo escribió el mismísimo Patas de Cabra y el final no fue feliz.

Se nos fue Rogelio Montalvo. Sí, leíste bien, carnal. El mismísimo “Gavilán de Oro”, el galanazo de la sonrisa perfecta, el que llenaba palenques y teatros, el compa que parecía intocable, inmortal. Se nos adelantó en el camino y de la forma más trágica y pendej* posible: embarrado contra un muro de contención.

LA MÁQUINA DE LA MUERTE Y LA AUTOPISTA MALDITA

Todo comenzó en las primeras horas de este martes negro. Cuentan las malas lenguas –esas que nunca duermen en los antros de Polanco– que Rogelio salió de una fiesta de esas “pirruris”, de puro VIP, donde el champagne corre como agua de la llave y los excesos están a la orden del día.

El “Gavilán” no andaba a pata, ¡faltaba más! Se subió a su juguete nuevo, una bestia italiana: un Ferrari rojo fuego, de esos que rugen como león hambriento nomás con mirarlos. Una nave que cuesta más de lo que tú y yo vamos a ganar en diez vidas, mi estimado godínez.

Decidió agarrar la carretera México-Cuernavaca. ¿Pa’ qué? Quién sabe. A lo mejor quería sentir el viento, a lo mejor iba a ver a un amor prohibido, o a lo mejor, simplemente, el alcohol y la soberbia le dijeron que era buena idea retar a la suerte en la famosa “Pera”, esa curva traicionera que ya se ha tragado a más de uno.

CRÓNICA DE UN ZAFARRANCHO A 250 POR HORA

Los reportes de la Guardia Nacional, esos que conseguimos por debajo del agua, dicen que la nave de Rogelio no iba rodando, ¡iba volando bajo! Los testigos, unos camioneros que todavía están temblando del susto, dicen que solo vieron un rayo rojo pasar zumbando.

“Iba hecho la mocha, jefe”, nos contó Don Chuy, un trailero que vio todo en primera fila. “Ese compa no le tenía miedo a la muerte, le iba pisando como si trajera al diablo en la cajuela. Yo calculo que iba arriba de los 240, fácil”.

Y entonces, sucedió la tragedia. Un pestañeo. Un bache. Un mal cálculo. La física es una perra cruel y no perdona, ni aunque seas rico y famoso. El Ferrari perdió el control. No fue un derrape de película, fue un desmadre brutal.

El coche salió proyectado como misil, dio tres vueltas de campana en el aire –¡tres, cabrón!– antes de impactarse de lleno contra un pilar de concreto del segundo piso.

¡PUM! El estruendo se escuchó hasta tres colonias a la redonda. Fierros retorcidos, fibra de carbono volando como confeti, el olor penetrante a caucho quemado y aceite hirviendo. La joya italiana quedó reducida a un acordeón de chatarra humeante.

EL HALLAZGO QUE NOS PARTIÓ LA MADRE

Cuando llegaron los paramédicos y los bomberos, la escena era dantesca. Tuvieron que usar las “quijadas de la vida” para abrir lo que quedaba del habitáculo. Y ahí, entre el amasijo de metales, estaba él.

Ya no era el galán de la tele. Ya no había sonrisa. La Huesuda no respeta rostros bonitos. Los detalles son demasiado gráficos, mi raza, y por respeto a la familia (y para que no se me guacareen el desayuno) no los voy a describir a fondo. Pero créanme, fue un madrazo de aquellos que no te dejan chance ni de decir “ay”.

La confirmación de su identidad cayó como bomba cuando uno de los policías encontró su cartera entre los restos. Al ver la INE, el oficial se puso pálido. “¡No manches, güey! ¡Es el Rogelio Montalvo! ¡Ya valió madres!”.

EL MITOTE Y LAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA

Aquí es donde entra el chisme fuerte, el veneno puro. ¿Qué pasó realmente? El peritaje oficial dirá “exceso de velocidad y pérdida de control”, el clásico carpetazo.

Pero la calle habla, señores. Se rumora que dentro del coche se encontraron botellas de pisto caro. Se dice, se comenta, que el “Gavilán” no iba solo en su último vuelo. Hay versiones de que una figura femenina, una misteriosa acompañante, habría salido disparada del vehículo antes del impacto final o que, en el caos, alguien la sacó de la escena antes de que llegara la tira. ¿Quién era? ¿Una amante? ¿Una actriz famosa? ¿Por qué la esconden? ¡Ese es el verdadero “Ver más” que nos tiene con el alma en un hilo!

EL ADIÓS A UN GRANDE (Y LA LECCIÓN QUE NOS DEJA)

Hoy, México amanece con cruda moral. Las televisoras están pasando maratones de sus novelas, las señoras lloran en los mercados, y en las redes sociales no se habla de otra cosa.

Rogelio Montalvo lo tenía todo: fama, dinero, carisma. Era el rey del mundo. Pero se le olvidó que, a 250 kilómetros por hora, el rey es el asfalto y la reina es la muerte.

Que esto nos sirva de lección, raza. No importa qué tan chingón te sientas, no importa qué tan cara sea tu nave. Si le juegas al vivo en la carretera, la carretera te cobra la factura al contado y sin devoluciones.

Se nos fue el “Gavilán”, se estrelló contra el suelo por querer volar muy alto y muy rápido. Descanse en paz el ídolo, y que Dios agarre confesados a los que seguimos aquí, pisándole al acelerador de la vida. ¡Ahí nos vidrios en la próxima tragedia, si es que la libramos!

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